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Aprender a respetar la naturaleza en familia

El tiempo de ocio puede ser también un buen momento para educar a los hijos e hijas en valores como el cuidado del medio ambiente. La familia debe siempre realizar un esfuerzo suplementario en educar a sus hijos e hijas en ciertos valores necesarios para la vida en sociedad. El respeto a la naturaleza es, sin duda, uno de estos valores.

Imagen de familia en el campoEn el colegio y desde los medios de comunicación se llevan a cabo campañas de sensibilización respecto a estas cuestiones, pero los padres y las madres también deben incidir en el tema del cuidado del medio ambiente. Para ello, lo mejor es huir de las modas pasajeras y tomar una actitud constante, concienciada y con perspectiva de futuro.

Los niños y las niñas deben aprender desde pequeños y pequeñas que de la naturaleza no sólo obtenemos los recursos que necesitamos para la vida, como alimentos, agua o materias primas, sino que también es un lugar ideal de esparcimiento para las salidas de fin de semana, vacaciones y otras actividades de ocio. Por eso, hay que animarles a proteger estos espacios y exigirles que tengan mucho cuidado para no estropear ni dañar el entorno, para que se pueda seguir disfrutando de él durante años. Es importante también acostumbrar a las y los menores a observar el comportamiento de los pequeños animales. Es bueno hablar de ello, comentar su comportamiento y explicar el valor de la vida animal. Es grato animar a que hagan dibujos o escriban sobre las pequeñas escenas de la naturaleza que les rodean: cómo los pequeños pájaros alimentan a sus crías, cómo los árboles de delante de casa empiezan a dar flores , etcétera.

La familia siempre debe dar a las y los menores el máximo de información sobre aspectos concretos del respeto por la naturaleza y el ecologismo, como el ciclo de la vida, el reciclaje o la capa de ozono (dependiendo de su edad), eso sí, dejando a un lado actitudes dogmáticas y visiones catastrofistas. Todos los expertos en la materia coinciden en que para conseguir la máxima sensibilización ante el respeto a la naturaleza es necesario que los niños y las niñas tengan el máximo de información posible, y que ésta sea totalmente objetiva.

Actividades en plena naturaleza

Las y los menores deben concienciarse día a día de que los recursos naturales no constituyen un pozo sin fondo, de capacidad ilimitada, sino que hay que preservarlos, cuidarlos y respetarlos. Un buen truco para conseguir este objetivo es organizar actividades para toda la familia en la naturaleza, pero deben ser actividades atractivas y entretenidas, prácticas, a las que se puedan acercar con ojos y manos. Además, cuando toda la familia se acerque un fin de semana a un parque cercano pueden aprovechar para hacerse fotos que luego colocarán en casa. Cuando se revelen podemos revisarlas junto a ellos y además de recordar el buen rato que se pasó en la naturaleza, se puede conversar sobre lo bonito que se ven los árboles, lo verde y cuidado que se ve el césped, etcétera, y comentar lo triste que sería que toda esta belleza natural desapareciera por no saber cuidarla y respetarla. Otra opción para los días de frío o mal tiempo es acercarse a entidades, fundaciones, museos, exposiciones u observatorios relacionados con el mundo natural.

Amar la naturaleza cada día

Además de esto, los niños y las niñas deben asumir frente al medio ambiente actitudes cotidianas de respeto, y la familia aquí tiene mucho que decir. Los padres y las madres deben ser coherentes con los valores que fomentan. Por eso, cada vez son más familias las que hacen una recogida selectiva del papel y el cartón, reciclan el plástico o el vidrio, por citar tan sólo unos ejemplos que requieren poco más que voluntad para ponerlos en práctica. Otras medidas interesantes en las que involucrar a los jóvenes pueden tener que ver, por ejemplo, con los envoltorios de los almuerzos o las meriendas. Hay que explicarles a las y los más pequeños el impacto negativo que tienen los envoltorios de aluminio, de papel o de plástico para la conservación de los espacios naturales y darles otras soluciones. Para habituarles a respetar y a querer la naturaleza, hay que fomentar en ellos y ellas una actitud ecológica. Nunca deben ver a sus familiares tirar papeles al suelo o molestar a los animales, sino que les deben ver preocupados por reciclar la basura, por aprovechar bien los materiales, por cerrar los grifos, por apagar las luces siempre que no se necesiten y por tratar siempre bien a los seres vivos.

Otros recursos de los que las familias pueden hacer uso para que los más jóvenes aprendan a respetar la naturaleza pueden ser los cuentos, las canciones, las obras de teatro y las películas que inculquen valores relacionados con el medio ambiente.

Es cuestión de que las familias le echen imaginación y enseñen a sus hijos e hijas a fijarse en la realidad y observarla con ojos críticos, consiguiendo así forjar ciudadanas y ciudadanos sensibles a valores como el medio ambiente.

Pequeños trucos

  • Aprovechar el buen tiempo para hacer salidas a la naturaleza, ya sea a parques, montes o bosques y allí hacer que los niños y las niñas se den cuenta de la riqueza del mundo animal y vegetal.
  • Los días de lluvia o frío se pueden aprovechar para visitar entidades, fundaciones, museos u observatorios que promueven el respeto por la naturaleza.
  • Animarles a escribir historias o hacer dibujos sobre las pequeñas escenas de la naturaleza que les rodean.
  • Implicarles en el reciclaje, el aprovechamiento de material y la responsabilidad en el gasto de energía.
  • Hacerse fotos en entornos verdes, ponerlas en lugares visibles de la casa y comentarlas de vez en cuando con las y los más pequeños.
 

Modificado el miércoles, 17 de enero de 2007

 

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