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Educar en la prevención del consumo de sustancias tóxicas

Uno de los principales temores a los que se enfrentan todas las familias cuando sus hijos e hijas comienzan a hacerse mayores es el consumo de sustancias tóxicas. Estos miedos cobran aún más fuerza cuando comprobamos que no se trata de un problema relacionado exclusivamente con las clases marginales.

Imagen del artículoLos jóvenes en edad escolar constituyen uno de los grupos con mayor riesgo a caer en el consumo de sustancias tóxicas, ya sea tabaco, alcohol u otro tipo de drogas. Esto es debido a que la creciente necesidad de autonomía que experimentan los adolescentes les lleva a rechazar la protección de los adultos y a enfrentarse a situaciones y conductas de riesgo que pueden representar una grave amenaza para su desarrollo. Según los estudios, la mitad de los jóvenes se inician en el hábito del tabaco y del alcohol antes de cumplir los 16 años. A partir de esa edad, el consumo puede aumentar hasta niveles muy altos.

Para que esto no llegue a suceder, familia y escuela deben colaborar para promover en los jóvenes los hábitos saludables a seguir, aunque la responsabilidad de los padres y madres es precisamente orientar a sus hijos e hijas para que éstos sepan cómo evitar las situaciones en las que alguien les incita al consumo de sustancias tóxicas. No hay que olvidar que los progenitores juegan el papel de mediadores en la conducta de sus hijos, y que tienen que participar e implicarse activamente. En muchas ocasiones, los jóvenes saben más acerca de las sustancias tóxicas, el tabaco o el alcohol que sus padres. En estos casos es conveniente que las familias que no están en situación de orientar a sus hijos intenten buscar más información sobre las drogas, sus efectos y consecuencias.

En la salud es siempre más rentable la prevención que el tratamiento, tanto en costes económicos como personales. Por ese motivo, algunas de las medidas que las familias deben tomar pasan por potenciar una educación que facilite el diálogo con los adolescentes, ayudarles a organizar el tiempo libre y facilitar que los menores se aficionen a la práctica de algún deporte o actividad de ocio dirigida especialmente a los jóvenes. De esta forma, los adolescentes verán el consumo de sustancias tóxicas como algo innecesario en sus vidas para pasarlo bien.

Primar el diálogo y la confianza
Los padres y madres deben saber que no basta con limitarse a dar una charla puntual, sino que deben educar a sus hijos de forma continuada, adecuando la información a la edad y nivel de conocimiento de los menores. Si los progenitores escuchan los problemas de sus hijos e hijas disminuyen las probabilidades de que éstos tomen decisiones erróneas. Por su parte, es importante que las familias confíen y crean en los jóvenes, puesto que es frecuente que los adolescentes deseen mostrar a sus padres que pueden confiar en las decisiones que tomen.

En las conversaciones que las familias mantengan con los jóvenes, padres y madres deben tratar de llevar la charla a la época actual y resaltar los aspectos positivos de no consumir sustancias tóxicas frente a los negativos. También es fundamental que expliquen muy claramente que el uso de sustancias nocivas siempre será un motivo de preocupación y angustia para las familias por el impacto negativo que su consumo tiene sobre la salud y que, en consecuencia, pondrán todos los medios a su alcance para prevenir y evitar que las consuman. Lo mismo ocurre con la elección de los amigos. En la mayoría de las ocasiones las compañías de los jóvenes influyen en mayor o menor medida en su comportamiento y los hábitos que desarrolla, motivo por el cual los padres y madres deben tratar cuanto antes de que sus hijos se relacionen con un grupo de amigos que desarrollen hábitos de conducta saludables y conocer su círculo de amigos en la medida de lo posible.

No está de más que los familiares supervisen la conducta de los menores, precisamente la falta de control es uno de los factores de riesgo junto con la escasa presencia de normas, las pautas de disciplina muy severas, unos vínculos afectivos débiles entre padres e hijos o la falta de comunicación. Todo ello sin olvidar ser un buen modelo de conducta. Por ejemplo, las estadísticas apuntan a que los niños y niñas cuyos progenitores fuman o beben son más propensos a terminar fumando o bebiendo.

Medidas preventivas:

  • Las familias deben informar a los jóvenes acerca de las consecuencias del consumo de sustancias tóxicas.
  • Los progenitores deben tener conversaciones periódicas con sus hijos e hijas y escuchar sus problemas.
  • Los padres y madres deben resaltar los aspectos positivos de no consumir sustancias tóxicas.
  • Las familias deben supervisar la conducta de los menores.
  • Es recomendable conocer el círculo de amistades de los hijos e hijas. Una manera sencilla es invitar a los amigos en alguna ocasión a casa.
 

Modificado el jueves, 27 de septiembre de 2007

 

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